Córdoba, Ver. – El árbol de Navidad es uno de los símbolos más entrañables de esta temporada, lleno de significados que van más allá de la decoración. Su forma triangular representa la Santísima Trinidad y su verdor, aun en invierno, simboliza la vida eterna.
Incorporarlo en nuestros hogares es una tradición que invita a la reflexión, la unión y la esperanza.
Al decorar el árbol, cada elemento tiene un propósito especial. Las luces evocan las estrellas del cielo, recordándonos que la luz siempre vence a la oscuridad.
Las esferas, originalmente de cristal, simbolizan los dones y virtudes que queremos cultivar, como el amor, la fe y la generosidad.
Para armarlo, es ideal empezar por las luces, distribuyéndolas de manera uniforme para que brillen en cada rincón.
Luego, se colocan las esferas y adornos, cuidando que estén balanceados para lograr armonía. Finalmente, la estrella o ángel en la punta representa la guía que llevó a los Reyes Magos hasta el pesebre.
Más allá de su belleza, el árbol de Navidad es un recordatorio de los valores que unen a las familias: amor, paz y gratitud. Al reunirnos para decorarlo, creamos momentos que quedarán en nuestros corazones, iluminando nuestras vidas con la verdadera esencia de la Navidad.